De a tres

En 10 año s de casada nunca le fui infiel a mi marido, pero últimamente he empez ado a mirar con buenos ojos a un vecino, joven y con muchas energías, con el que suelo cruzarme en la entrada al edificio.

Me empezó a parecer que nos cruzábamos demasiado seguido, como si él estuviera siguiéndome o anticipando mis movimientos. Yo no respondía a sus miradas abiertamente, pero le hacía ciertos coqueteos sutiles. Caídas de ojos, mover la cola para que vuele la pollera, mojarme los labios con la lengua, esas cosas.

Mi marido percibió algunas de esas maniobras y empezó a hacerme bromas al respecto. Le dije que el vecino me atraía, pero que conocía mis deberes de esposa y los cumpliría. 

- Te libero de tus deberes de esposa, – me dijo él, lo cual me sorprendió bastante.

 - A cambio de qué? – le pregunté.

 - De nada, es una fantasía que siempre tuve. Compartir mi esposa con alguien.

- Querés decir hacerlo de a tres ?

- Porqué no? A ti te gustaría? – quiso saber.

- No lo sé – respondí pensativa. – Debiera probar para saberlo.

La charla quedó en eso. Hasta que un día el vecino me abordó en la esquina de casa y me dijo las cosas muy de frente. No lo había pensado tan audaz, pero ahí estaba, invitándome a ir a la cama con él, de cualquier manera y en cualquier lugar.

Recordé entonces la propuesta de mi marido y se lo dije: Tendrá s que compartirme con otro hombre. >

- No tengo inconveniente. Con qué hombre? Tu marido?

- Sí, mi marido tiene la fantasía de compartirme.

Esa noche el vecino tocó el timbre de nuestra casa y se apareció con una botella de whisky, sin decir palabra. Por un momento pensé que mi marido se iba a echar atrás, pero no fue así. Abrió en seguida la botella y nos sirvió un vaso lleno a cada uno. Sirvió para quitarnos las inhibiciones rápidamente. Aún así, el vecino no omitió la cortesía: “Si Ud. me permite”, “A su salud”, “Despué s de Ud. ”, “Perdón por la molestia” y demás gentilezas. Y mientras tanto me penetraba y bombeaba con delicadeza pero bien hasta el fondo y con mucha potencia.

¡Realmente ha sido una experiencia maravil losa para los tres! Mi marido acabó una vez y se recostó a mirarnos. El extraño se tomó un tiempo para recuperarse, durante el cual tomó otro vaso entero de whisky y me acarició con suavidad y persistencia hasta hacerme arder de deseo. Siguiendo el ejemplo, le pregunté a mi marido:

- Te molestaría que le haga una pequeña mamada al señor?- Por favor, no faltaba más, atiende bien al huésped – respondió mi marido sin ironía.

Luego de mamársela por un rato estuvo en condiciones de repetir el acto y terminarlo como corresponde.

Folla Ud. muy bien, vecino, le dije al terminar -

Y Ud. tiene un cuerpo inmejorable y la mama como los dioses. – respondió.

A esta altura los tres nos comprendíamos bien y nos divertíamos juntos, además de pasarla bien.

A la semana siguiente me crucé al vecino en el ascensor y le dije:

- Te debemos una botella de whisky.

-Si quieren traerme una el sábado a la noche, los espero.

Ese sábado le devolvimos la cortesía. Vivía solo en un coqueto apartamento, decorado con posters de mujeres y hombres, por partes iguales. Había estatuas de angelitos desnudos y empapelado rosa viejo. Un tanto ambiguo, igual que él. Como la vez anterior, no hubo demasiadas palabras. Tomamos whisky y fuimos rá pido a la cama. Mi marido terminó una vez y se durmió. Eso motivó al vecino, que estuvo mucho más descontrolado que antes. Me chupó toda y me penetró por detrás, y esta vez no pidió permiso.

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