A los 16 años participaba activamente en un grupo Scout.
Me encantaba acampar, prender fuego, cortar palitos y esas cosas, pero ya me estaban interesando otras cosas.
Tenía un grupo bastante bonito de amigos y amigas, todos nos habíamos conocido por medio del movimiento scout , aunque no todos éramos dirigentes activos, no le fallábamos cuando existía alguna reunión del movimiento.
Yo estaba en esa etapa intermedia entre dejar la actividad infantil y alejarme, o incorporarme como adulto y aspirante a dirigente. Y dentro de esa situación hay una jerarquía que se debe respetar, donde importan los galones más que los años.
En las reuniones para dirigentes, a modo de desahogo, existe trago, cigarrillo y una que otra conquista.
Habíamos ido a una fiesta scout donde se premiaba al mejor scouter (dirigente) del año. El acto estuvo bastante aburrido, pero después empezó la fiesta.
La mayoría bailaba, tomaba y la pasaba bien, pero también muchos acartonados y solemnes miraban todo como sintiéndose guardianes de la moral.
Me dijo un amigo que la sacara a bailar a Claudia, una dirigente del grupo, que parecía que me miraba mucho.
Claudia me parecía inalcanzable, tenía 26 años, muchos galones, y siempre estaba con su chico y, por tanto, no había compartido mucho con nosotros.
Algunas mujeres de esa edad me parecían viejas, pero no Claudia. Destilaba atractivo sexual, y no sé de dónde le salía. Aunque su rostro era de verdad muy bonito, tenía algunas cosas en contra: media 1,50m bastante rellenitos de carne y, para terminar, nunca se vestía sexy. Cuando no vestía uniforme, llevaba jeans bastante holgados y un polerón grande. Pero ese día llevaba botas de excursionismo bastante grandes y la pollera del uniforme, pero dos palmas más corto que lo reglamentario.
Y había algo de ella que siempre me llamaba la atención: las pocas veces que hablé con ella había sentido un aire de excitación bastante fuerte. Las opiniones acerca de ella variaban. Algunos la consideraban santa y heroína, y mencionaban la campaña de reclutamiento de scouts del año pasado, dónde Claudia fue a 14 colegios del barrio a hablar con los estudiantes, y trajo ella solita 106 nuevos scouts para la agrupación. Parece que convenciendo a los líderes de cada curso convencía al resto. Algunos compañeros decían que había tenido algún asunto extraño con varios dirigentes y hasta scouts. Y por último, había quien la trataba directamente de zorrita.

A falta de mejor compañía y motivado por el trago, decidí ir a hablar con ella.
- Claudia, ¿Cómo está?
- ¡Hola! – me respondió, con la mejor de sus sonrisas – ¿Qué novedades?
- Nada especial. Estoy pensando si incorporarme a la escuela de dirigentes. A Usted qué le parece?
- Que podés empezar por tutearme, y que me encantaría que te unieras a mí. Digo, a nosotros – me dijo con sonrisa pícara.
Mentalmente, ya me estaba poniendo el uniforme y afilando un tronco hasta dejarlo hecho un escarbadientes.
- Voy a hacer todo lo posible por incorporarme a los dirigentes.
Perdóneme la indiscreción… perdonáme… Tu novio, cómo está?
- Ja ja, no pudo venir –me dijo- estaba engripado.
- Qué suerte… digo, qué lástima. Lo mío estaba a medio camino entre hacerme el tonto, y sentirme tonto.
.¿Por que no bailamos? –me preguntó Claudia para ahorrarme el momento incómodo.
Sin esperar más, la saqué a bailar.
Disimuladamente me fui al extremo más escondido de la pista de baile, así podría escapar de la mirada de mis amigos que, seguramente si me veían con Claudia, iban a hacerme bromas por el resto de mi vida. A quien se le ocurría bailar con una respetable jefa scout?
Mientras bailábamos, hablábamos de todo y yo vencía mi timidez y trataba de parecer divertido. Claudia se reía, más de mi patético esfuerzo, que de lo que yo decía.
Queridos lectores, si quieren acostarse con alguna mujer, empiecen haciéndola reír. Fórmula segura e infalible.
Después del baile, las risas, unos cuantos tragos, subimos al segundo piso del edificio scout para descansar.
Ella fue al balcón del edificio y miraba la laguna que se encontraba iluminada por la luz de la luna, una vista soberbia. Yo me puse a su lado y empezamos a hablar de todo y de nada, los dos mirábamos al frente, la charla era bastante amena.
- Sabes, –me dijo- me encanta este lugar.
- ¿Por qué? –pregunte yo- ¿A qué, o mejor dicho, a quien te recuerda?
- Ja ja, a nadie –me respondió – La vista es hermosa.
- Si, y la compañía mucho mejor –repliqué.
- Si, eres muy divertido, lastima que mi chico no sea como tu.
–Dijo- ¡Él es muy aburrido!
- ¿Y porque sigues con él si no te gusta? –yo pregunté.
- La fuerza de la costumbre crea.
- Tu puedes conseguir lo que quieras. –le dije, mientras uno de mis brazos rodeaba su espalda a la altura de los hombros.
Ella se dió la vuelta y me plantó un beso bastante fugaz.
Yo siempre he sido medio torpe en estas situaciones, y no hice nada.
Claudia nuevamente se acercó a mí y antes que nuestros labios se tocara ella sacó su lengua. Mi boca se abrió instintivamente y empecé a succionar esa lengua caliente, mientras mis manos rodeaban su cuerpo.
Mi libido creció repentinamente y empezamos prácticamente a comernos a besos.
Poco a poco la cuestión fue calentándose, una de mis manos subió por su estómago para posarse en una de sus tetas. Era realmente grande.
Ella dirigió su mano a mi pantalón y empezó a sobarme la verga por encima de mi jean.
La tenía durísima y sentía como empezaba a botar líquido pre-seminal. Nos dirigimos a una de las tantas oficinas que hay en el edificio y entramos dando un portazo y cerrando la misma con llave.
Nos hincamos sobre una alfombra que ahí había y uno frente al otro nos veíamos sin movernos.
Ella, sin decir nada, se sacó la pañoleta scout.
Empezó a desabrocharse la camisa del uniforme y se la sacó.
Llevaba una camiseta blanca pegadísima a su cuerpo, sus pechos se marcaban como dos grandes pomelos, perfectamente redondos adornados por unos pezones que sobresalían como dos aceitunas.
Fui sacándome la bolera que llevaba puesta para quedar solo con Jean y zapatos.
Ella, al mismo tiempo, se saca su camiseta por encima de su cabeza y sus Tetis sé bambolearón dentro de un pequeñísimo sostén que apenas cubría esas dos montañas de carne.
Tanto ella como yo seguía hincados y, aunque estaba pasadita de peso, el cinturón de cuero que llevaba le marcaba una cintura muy fina en comparación con sus caderas.
Llevó sus manos atrás y se deshizo de su sostén.
Su piel era blanquísima, las aureolas de sus tetas eran grandes, tranquilamente 3 cm de diámetro, terminadas en dos pezones que se notaban duros por la excitación de la que era presa.
Me levanté y rápidamente me saqué el jean y los zapatos que llevaba puestos, mi verga estaba aprisionada en mi calzoncillo, pero sobresalía el glande por donde chorreaba líquido y mojaba toda mi ropa interior.
Allá acercó su lengua a mi glande y empezó a succionar mi líquido mientras cerraba sus ojos y con sus dos manos acariciaba toda la superficie de sus tetas.
Yo la levanté de las axilas y bajé mi cabeza para dedicar unas buenas lamidas a ese par de tetas gigantescas, ella gemía de placer mientras, yo mordía sus pezones y empezaba a desabrochar su cinturón, soltarle el botón de su Jean y bajarle el cierre.
Ayudado con mis dos manos le bajé su Jean hasta las rodillas y fui directo a besarle su coño por encima de su calzón.
Un calzón bastante pequeño para tremendo culo y coño que tenía.
Noté como ella no poseía muchos pendejos y sentía mi lengua en su clítoris que era un poco más salido que lo normal.
Agarré su calzón de los costados y lo levanté lo más que pude, ahí noté como el calzón se metía en su culo La eche de espaldas sobre la alfombra, pero por más que intente no podía sacarle las botas que llevaba puestas.
El pantalón bajó a medias, no pude separarle las piernas, apenas hice un intento de penetración y sólo la puntita pudo pasear un poco…
Estaba muy seca y me pidió que se la chupara. Yo estaba indeciso porque nunca había hecho semejante cosa.
- Será tu buena acción del día – me dijo Claudia.
No pude negarme y puse manos a la obra. Bueno, no sólo las manos…
Estábamos en lo mejor cuando vino el hermano y nos golpeó la puerta enojado.
- Se incendia el edificio? – pregunté irónico.
Nos vestimos rápidamente y bajamos a la fiesta.
Mientras bajábamos las escaleras pude ver a su hermano, que también era scout y jerárquico, dirigirme una mirada de odio que hasta ahora la recuerdo.
Desde ese día siempre estuve para Claudia..
¡Siempre Listo!
