Un sábado común y corriente yo iba hacia una cita odontológica con un poco de tiempo adelantado… El consultorio quedaba en el doceavo piso y tomé el ascensor con varias personas más, entre ellos una pareja de gorditos con dos chicos y una mujer hermosa: era mona, morocha de ojos verdes y con un cuerpo excelente. Unos años más grande que yo, bajita y flaca, pero con buenos atributos. Llevaba una minifalda muy cortita.
Viajamos tres pisos muy apretados, y me tocó pararme atrás de la morocha, que me pareció que se apretaba a mí más de la cuenta.
Pues lógico, a mí de una se me paró la verga, y creo que su cola lo sintió.
Cuando la familia se bajó quedamos solos y tuve tiempo de mirarla bien. Me pareció que ella también me respondía la mirada, y que tenía un grado de excitación parecido al mío. La apretada había estado muy buena.
Justo antes de llegar, el ascensor se detuvo, trabado entre dos pisos.
No sé si fue el exceso de peso, si mi mente hizo un esfuerzo para no ir al dentista, o si Dios escuchó mis ruegos…
Pensé: Esta oportunidad no se va a repetir nunca…
Con el tema del desperfecto empecé a conversar con ella. Le conté que iba al dentista, que era estudiante, que me gustaba ir a bailar, etc., etc. Ella no quiso contar nada de sí, pero me oyó con atención…
- Si en media hora esto no se resuelve, toco la alarma para que venga alguien – le dije insinuante.
Se rió y me siguió la broma:
- Te alcanza para algo media hora?
- Si hago rendir el tiempo, hasta con 10 minutos me alcanza, exageré – acercándome a ella.
- Voy a oprimir el botón de emergencia – dijo ella poniéndose seria.
Entonces me animé y le tomé la mano antes que tocara el botón. En lugar de enojarse me miró fijo con los labios entreabiertos. Ví su lengüita rosada y me puse loco. Le tomé la cabeza con las manos y la besé. Ella me dió un beso tan rico que lo pude saborear.
Pero sabía que el tiempo corría y pronto empezaría a venir gente. Desde el piso de abajo nos podían ver los pies, por eso de parados nomás lo hicimos.
Le tomé sus piernas en mis manos y le baje lentamente la minifalda y luego le quite con los dientes el liguero uyyy…. que rico!!!!
Luego ella me bajó el jean y quedó mi verga al aire. Ella le di unas apretadas y yo me entusiasmé.
La penetré parada, desde atrás, para mayor comodidad. Por suerte era livianita y pude levantarla fácilmente hasta que calzó bien. Ella no gemía debido a que de pronto nos escucharan, pero la sentí gozar.
Alguien vino y preguntó que pasaba. La morocha explicó que el ascensor se había detenido entre dos pisos, y le pidió que fuera a buscar al encargado. Su voz podía sonar tan normal, a pesar de que yo entraba y salía. Qué buena actriz resultó!
El ascensor se sacudía bastante, y quizá pensaron que tratábamos de destrabar algo.
Tardamos unos veinte minutos, y cuando llegó el encargado destrabó la puerta, se trepó al ascensor, y examinó el tablero.
- El interruptor está en “Apagado” – dijo mirándome fijo.
- Yo no toqué nada – dije nervioso – y era cierto.
- No tocaron la alarma? – nos preguntó el encargado.
- Por supuesto que tocamos. – dijo la morocha, mirando seria y preocupadamente al encargado, y pellizcándome a mí a escondidas. Y pellizcándome en un lugar muy sensible… Yo estaba mudo.
Con el interruptor en “Encendido” el ascensor nos llevó diligentemente a la planta baja. Yo estaba todo colorado, y la gente pensó que me había puesto nervioso por el encierro.
Salimos. Traté de seguirla y hablarle, pero no me llevó el apunte.
Le pregunté si la había pasado bien y me dijo que sí, que yo había estado bárbaro, y que dios me la conservara así de dura… Cuando insistí en verla de nuevo, me dijo:
- Apurate que todavía llegás al dentista – y me empujó hacia el bus…
Subí y la ví alejarse, moviendo ese maravilloso culo que tenía.
Malditas las ganas que tenía yo de ir al dentista… Fui de todos modos, y todavía no había llegado mi turno. El dentista me vió con la cara todavía roja, la mirada perdida en el infinito y la expresión de felicidad en el rostro. Me preguntó dos veces si no había tomado nada raro, que pudiera interferir con la anestesia.
Sólo había tomado la droga maravillosa del sexo inesperado.
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